martes, 25 de noviembre de 2014

(Valle del Kas) Pau de Vallecas

                      Quiero daros las gracias  a todos aquellos que habéis visto mi primer articulo.
               No puedo contaros mas de lo que  conté y lo único que os puedo decir que Valle del Kas sigue creciendo, un saludo para todos aquellos que habéis hecho posible que se mantenga hoy en primer lugar, gracias!!!!




                   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Casa Marianita.

       La soledad de una niña es una casa grande con desván,
 con las ventanas que no cierran
 y ponchos de colores en los umbrales;
 un árbol milenario, de ramas robustas, sobre las que saltar
 y caer, sentarse a horcajadas, tender el pecho
 los días tristes, y también las noches de verano,
 los brazos colgando como lianas,
 los ojos claros de imaginaciones.
Las goteras musicales, el lío de mantas y almohadas en el salón,
 pinturas y cuadernos de dibujo por el suelo,
 manos de barro y moras en la pared.
 Comer cocos tiernos, el caleidoscopio pegado a la masa de las galletas.
 Recordar el sueño sin luz
 del abismo y el gigante en las noches de miedo
 y buscar maneras físicas de escapar, como una aventurera.
Trepar descalza para buscar los tesoros conocidos:
 el palo de líquenes esmeralda, el que golpea fuerte las cosas más sólidas.
 Las piedras de río, lisas y frías, un trozo de cuarzo ahumado,
 el asombro de la mica en el granito, cristales de color,
 huesos de pollo, lagartijas y tebeos.
 La espera a los gatos piratas, y resbalar por la barandilla
 con las historias, la fuerza heredada, el botín.
Salir al mundo en la bicicleta naranja,
 o correr veloz con los perros de la calle, riendo con su alegría.
 También un día echar en la maleta una rama,
 pasar de la nieve de febrero al calor húmedo de las antípodas,
 gritar, una noche de fiebre, quiero pintar quiero pintar,
 y por el día recorrer el mundo, perdida y feliz,
 hasta encontrar al aborigen bueno
 que cambia el mejor palo de la historia por un precioso boomerang.
 Porque siempre es importante poder volver a ti.
 Para ser más salvaje, seguir comiendo bien, aprendiendo
 a quererte, a saber estar de pie sola.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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