lunes, 21 de mayo de 2012

EL MOLINO





Gema de Yeltes es una pequeña pedania situada a 69 kilómetros al oeste de Salamanca, y a tres kilómetros de Yecla de Yeltes. A cuatro kilómetros del núcleo poblacional, junto al río Huebra, se encuentra el antiguo molino “de la Tomasa”, ahora abandonado. En él se molía todo el grano de la zona, el destino del producto era tanto el consumo humano como animal.
De Salamanca a Vitigudino, a Yecla de Yeltes, y desde el potro de herrar hasta Gema. En Gema se coge el camino de la izquierda, tras cuatro kilómetros hasta el molino orientándose por una antigua señalización o por el camino más ancho, marcado y empedrado. El paseo por la dehesa es idílico, prácticamente llano, con árboles y terminando en el río.
El edificio, de tres plantas, es amplio, y en su momento estaba equipado para molturar cuanto se vertiera en sus tolvas. Los pisos de madera, rotos en muchas partes y a punto de deshacerse en otras, dejan ver el completo equipamiento de una fábrica que fue el orgullo de la comarca: ruedas de moler, cribas, engranajes oxidados, tuberías de madera para conducir las distintas calidades del grano, correas, ruedas, cedazos…
Las dimensiones de la fábrica evidencian la importancia de los mismos tiempos atrás. Se trataba de una empresa con operarios, como consta por viviendas existentes para los trabajadores, corrales para el ganado utilizado en el transporte, un taller…
En el entorno una presa de agua, una pontonera hecha con 150 piedras y una gran pradera verde por la que surca el Huebra que, con cuidado, puede cruzarse por el citado puente de piedra.























La fábrica fue propiedad de Tomasa Delgado, aunque fue Dámaso de Yecla quien en los años 70 echó el cerrojo. 

viernes, 18 de mayo de 2012

CAMPAMENTO 2


Militar» o «Campamento de Carabanchel Alto», pues entonces no se encontraban
situados en el término municipal de Madrid.



Su aspecto exterior presentaba similitudes estilísticas con otros cuarteles de
la época como los de Getafe, Vicálvaro, Remonta, paseo de Moret o Pacífico, tal
y como recuerda Antonio Morcillo, presidente del Grupo de Estudios del Frente de
Madrid (Gefrema). Pero las instalaciones de entonces nada tenían que ver con las
de ahora. Para empezar porque ocupaban una décima parte de la superficie actual.
Hasta la conclusión de la guerra civil sólo ocho cuarteles defendían la zona.
Era el Batallón de Zapadores número 1; el Regimiento de Artillería a Caballo; el
Servicio de Información; el Grupo de Defensa contra Aeronaves; la Escuela
Central de Tiro; una estación militar; la base aérea de Cuatro Vientos y una
serie de fortines desaparecidos.



Casi todas desaparecieron durante la contienda nacional. Sólo el Batallón de
Zapadores y unas pequeñas dependencias del Regimiento de Artillería a Caballo se
conservan en la actualidad. Del primero dicen que su monumentalidad le permitirá
sobrevivir a las excavadoras que entrarán en la zona dentro de unas semanas.



Pero de las antiguas instalaciones, las crónicas destacan con mayor profusión la
terraza de la Escuela Central de Tiro. Cuentan, como recuerda Antonio Morcillo,
que el general Varela la utilizaba para dirigir las operaciones destinadas a la
ocupación de Pozuelo, Aravaca, Cuesta de las Perdices y Cerro del Águila, en la
Batalla de Madrid. Los corresponsales extranjeros también se asomaron por ella
para informar al resto del mundo de los últimos coletazos de la guerra.



En primera línea de fuego



Las antiguas dependencias se reforzaron en 1938 con la construcción de dos
fortines circulares en las cercanías de la actual estación de Metro de
Campamento. Hoy en día han desaparecido. Uno permanece enterrado en la plaza de
Carmona, mientras que el otro todavía puede apreciarse (por su perfil cementado)
en el aparcamiento subterráneo de los pisos de la Caja de Ahorros en la calle
del Padre Piquer.
Los cuarteles de Campamento se encontraban casi en primera línea de fuego. Por
eso cuando la contienda concluyó apenas quedaron en pie unas pocas
instalaciones. La posguerra trajo la restauración de algunos (Batallón de
Zapadores-Minadores) y la desaparición del resto. Aunque no tardó el desarrollo
en resurgir de sus cenizas. Pero esta vez el renacimiento fue a lo grande. Así,
de los ocho cuarteles que se levantaron en sus orígenes, se pasaron, años más
tarde, a veinte.
El monstruoso complejo dio servicio a los intereses militares durante más de
cincuenta años. Hileras de hangares, una tras otra, pueblan la zona desde
entonces hasta conseguir un aspecto casi industrial. Los vecinos de viviendas
colindantes recuerdan el sonido, firme y rítmico, de las botas golpeando el
suelo cuando los soldados desfilaban por sus cuarteles. La puesta en marcha de
los tanques, las órdenes y cantos militares, el disparar de las armas, el toque
de corneta... Estos registros forman ya parte del pasado.
El Ministerio ha ido desalojando gradualmente las instalaciones. En la
actualidad sólo quedan cinco cuarteles en activo: Cuartel General de Fuerza
Acción Rápida, Servicio Geográfico del Ejército, Unidad Veterinaria, Unidad de
Apoyo de Capitanía y Parque Central de Mantenimiento de Material de Intendencia.
Entrar ahora en Campamento no es sencillo. Desde hace unos años, el Ejército
amuralló todas las dependencias abandonadas para evitar la entrada de intrusos.
Por donde antes se paseaban soldados, sargentos o capitanes, comenzó a
convertirse en un lugar frecuentado por drogadictos, «okupas», mendigos y «grafiteros».
Jeringuillas y basura por el suelo, y paredes llenas de pintadas acabaron por
formar parte de la decoración de un entorno que había sido construido para
afianzar la unidad y seguridad de la capital.


Sólo tras enviar reiteradas instancias a diferentes organismos (Defensa,
Capitanía...) uno consigue traspasar las barreras que separan la ciudad de
Madrid de la «ciudad» de Campamento. Una vez dentro, un laberinto de pasadizos y
calles estrechas hacen que el visitante pierda la noción del tiempo y, sobre
todo, su sentido de la orientación. Construcciones de baja densidad, modulares,
alineadas simétricamente y de escasas ventanas se multiplican a lo largo del
recorrido. «Nosotros nos decantamos más por el románico que por el gótico»,
comenta con sorna un soldado.


Defensa ya ha comenzado a elaborar su plan de demolición. Los primeros cuarteles
en caer serán el General Muñoz Grandes, el Capitán Agrados y la estación militar
de Campamento. Villaverde y Colmenar serán algunos de los municipios que acojan las dependencias que todavía se encuentran en activo.


De todos ellos se salvará el Servicio Geográfico del Ejército. Esta dependencia
compartirá suelo con las futuras viviendas y vecinos de la zona. No en vano,
entre sus cuatro paredes se celebró el juicio por el fallido golpe de Estado del
23-F. Y es que una cosa es intentar modernizar el pasado y otra acabar con la
historia.































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