lunes, 20 de junio de 2011

Convento de la Concepción

Convento de la Concepción
Hay en Almonacid, fuera ya de las murallas, y camino de Zorita un antiguo convento de monjas. La historia de este edificio y de las comunidades de religiosas que lo han habitado, es en extremo muy curiosa, y forma parte de la historia de la Villa.
Para conocer sus orígenes hay que remontarse a la Edad Media, y concretamente a Pinilla de Jadraque, en el valle del río Cañamares, donde surgió a comienzos del siglo XIII un cenobio cisterciense como consecuencia de la donación hecha a la Orden del Císter, por don Rodrigo Fernández de Atienza , su mujer doña María, el hermano de ésta Martín Fernández, y demás parientes , de una heredad llamada Sothiel de Hacham, que poseían en término de Pinilla, para que allí pusiera monasterio de mujeres “ in honoris et nomine Sto. Salvatoris”.
A poco de fundado el monasterio de San Salvador, el 9 de Agosto de 1221, extendía en Burgos el Rey Fernando III un privilegio en el que acogía bajo su protección y amparo el cenobio cisterciense, concediéndole más territorios y viñas. Este convento pasó muy pronto a poder de la Orden de Calatrava, y ya en1262 era esta comunidad “fija de la Orden”, según la orden dada en Sevilla por el gran Maestre calatravo don Rodrigo Yáñez.
A mediados del siglo XVI se realizó una reforma material del convento, pero quizás esta reforma fue la causante de cierta inquietud, que se manifestó con la petición hecha al Rey Felipe II de concederles el traslado a otro lugar menos frío, más poblado y limosnero que el que durante tres siglos y medio habían ocupado.
Matías Escudero cuenta las gestiones previas para este traslado. Una de ellas fue la disposición del Consejo de las Órdenes que gobernaba los conventos femeninos también decidió trasladar este de Pinilla a un lugar de señorío y confianza. Y por ello eligió a Almonacid, cabeza de Partido, cabeza de Encomienda y sede del priorato de Zorita.
Se concertaron el Concejo de un lado y el Gobernador del Partido por otra, para establecer las condiciones en que vendrían las monjas. El Concejo les daba la Ermita de la Concepción, doce fanegas de sembradura de cebada, para poner en ellas el convento y una huerta aneja, además de medio real de agua de la Fuente Vieja para abastecerse, y todavía 1.200 ducados y la madera necesaria para edificar el convento. A cambio, la comunidad de calatravas ofrecía acoger cinco doncellas de Almonacid, todas cristianas viejas, por sólo 200 ducados de dote, además de comprometerse a no tener propiedad alguna en término de Almonacid.
El Rey Felipe II como Maestre General de todas las Órdenes, autorizó las anteriores estipulaciones en 1576, y acto seguido partieron las monjas desde Pinilla a Almonacid. Fueron recibidas con fiestas, llegando a hacer “ una escaramuza fingida entre cuadrillas de moros y cristianos”, si bien tuvieron que alojarse en algunas casas de la Villa, hasta que enseguida se construyó el monasterio en derredor de la iglesia de la Concepción ya construida.
Pero las calatravas se cansaron pronto de Almonacid que entonces era muy próspero y bien poblado. En 1604, había estado el Rey Felipe III en esta población visitando a las monjas, acompañado de su sobrino el Príncipe de Saboya y veinte caballeros de las Órdenes militares. Tras de orar en la iglesia, penetraron en la clausura, donde la madre abadesa aprovechó para exponer al Rey la necesidad, y el deseo de trasladarse a mejor lugar.
Más tarde solicitaron del Rey Felipe IV la oportuna licencia para mudarse a Madrid alcanzando su deseo en 1623, ocupando durante dos siglos y medio en dicha ciudad, un suntuoso edificio en la calle de Alcalá, creando tipismo y madrileñismo a ultranza: las riquezas de “las Calatravas” se habían conocido y alimentado en los lejanos páramos de Pinilla, y en la serenidad rural de Almonacid.
A Almonacid llegó enseguida una comunidad de monjas Franciscanas Descalzas de Santa Clara, que habitó el edificio desde 1624 a 1699, en que también marcharon a la Corte, llevadas por el Duque de Medina de Rioseco, a la fundación que éste había hecho en el convento de San Pascual, en pleno paseo del Prado, comunidad que hoy sigue habitando dicho monasterio. Poco tiempo se mantuvo vacío el convento de Almonacid. En Escariche había fundado en el siglo XVI, don Nicolás Polo Cortés un monasterio para Monjas Franciscanas Concepcionistas en el que entraron, en su inicio, seis de sus hijas como monjas, aprovechando para sede del dicho convento el viejo caserón del hidalgo alcarreño. Pronto las condiciones de habitabilidad del cenobio fueron malas, y buscaron lugar donde alojarse. El rico y suntuoso monasterio de la Concepción de Almonacid fue su idea.. Pidieron permiso al Arzobispo toledano Cardenal Portocarrero el año 1700, quien por el momento no pudo hacer nada ante la oposición de la patrona del convento, doña Catalina Temporal y Polo, descendiente del fundador. Al fin se aprobó todo, y el 24 de marzo de 1702 se dio aprobación eclesiástica para el traslado de las monjas, quienes se instalaron definitivamente en 1703.
En 1836, con motivo de la desamortización de Mendizábal, la comunidad fue desposeída de la mayor parte de sus rentas. Fue adscrita a la reforma de las Concepcionistas hecha por Sor Patrocinio, “La monja de las llagas”, y allí permanecieron hasta los años 70 del pasado siglo,(con el lapsus 1936-39 en que debieron abandonar el convento como tantos otros, debido a la persecución religiosa desatada), cuando abandonaron dicho convento ante la falta de vocaciones, y posiblemente al estado de deterioro del edificio, trasladándose a su convento de Membrilla en Ciudad Real.
Posteriormente las Misioneras seglares de Lumen Dei, ocuparon parte del edificio por un breve periodo de tiempo.
Hoy se encuentra vacío y de todos abandonado, con un progresivo deterioro de todo el conjunto. Aunque es propiedad del Obispado, recientemente, en 1.999, se firmó un convenio entre éste y el Ayuntamiento, para que por parte del consistorio se pueda establecer una dedicación del edificio a usos culturales o de hospedería durante un periodo de 75 años.
Lo más antiguo del conjunto es la iglesia, construida en el siglo XVI, como ermita de la Concepción, y que ya por entonces era tan hermosa, que hacía exclamar a Matías Escudero, aquello “ de la ermita de Nuestra Señora …es la ermita mejor y más alegre, y más hermosa, y bien obrada que hay en el Arzobispado de Toledo”. En 1.556 un grupo de doce cardenales de Roma concedieron cien días de indulgencia a cada fiel cristiano que confesado, se acercara a visitar esta ermita, los días de la Concepción, Navidad, la Asunción, la Anunciación de la Virgen y el Viernes Santo. Se conserva en el Archivo Municipal un precioso documento en pergamino, con los sellos de diez de los cardenales, pendientes del documento.
Tiene una severa portada clasicista orientada al mediodía, cobijada por un pequeño atrio de esbeltas columnas. En las enjutas lucen dos cruces de Calatrava. El interior, de una sola nave, está presidido por un escudo heráldico de los Goyeneche. Nada queda del magnífico retablo plateresco de Juan Bautista Vázquez y Juan Correa de Vivar, que fue vendido a unos particulares en 1952, y hoy se encuentra en la iglesia del convento de las monjas oblatas de Oropesa en Toledo. Con el dinero que sacaron con la venta del retablo, la Comunidad entonces en el convento, arregló las partes más dañadas de lo destruido durante la guerra civil de 1936-39.


























































jueves, 16 de junio de 2011

TORRONTERAS


Torronteras, junto con Villaescusa de Palositos y Hontanillas, conforman un triángulo en la Sierra de La Solana de La Alcarria de pueblos deshabitados por razones socioeconómicas, unidas a un abandono prácticamente total de la Administración durante los años de la dictadura.
Pueblos aislados sin luz eléctrica ni carretera, solamente caminos de herradura y, en muchos casos, de peligroso tránsito por su dificultad, fueron viendo como su juventud se iba marchando hacia las grandes ciudades en busca de un futuro mejor en el que poder formar una familia, con oportunidades para sus hijos, oportunidades que en sus pueblos estaban limitadas a seguir trabajando el campo, sin ayuda de ninguna clase, para poder sobrevivir con esfuerzos casi inhumanos muy distintos a los recursos existentes en la actualidad.
El devenir de los tiempos han, dado lugar a situaciones muy diferentes en cada uno de ellos siendo, sin ninguna duda, Villaescusa de Palositos el que se ha llevado la peor parte.
En Torronteras, después de la despoblación sufrida por los motivos anteriormente expuestos, se instaló una familia de austriacos que se adaptaron perfectamente al medio, respetaron el pueblo primitivo, hoy en ruinas por el paso del tiempo, y levantaron sus viviendas e, incluso, volvieron a levantar el edificio de lo que fue la iglesia destruida por un voraz incendio en los años 50 del siglo pasado. Su labor fundamental consiste en la elaboración de productos naturales y, en especial, de la miel de La Alcarria, Miel de Torronteras, distinguida con numerosos galardones.
















































 
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